Mi síndrome del pulpo

Y aquí tengo a la pulpita: mirándome fijamente desde su hamaquita, y asomando sus mofletes por la pantalla del ordenador. Llevo dos horas queriendo escribir este post, y no hay manera. Por fin me vuelvo a sentar para contaros lo que me sucede desde que nació la pulpita, hace casi dos meses. Yo lo llamo síndrome del pulpo...pero no sé si estará diagnosticado como tal. Os cuento varios síntomas que me estoy notando...A ver si a vosotras también os pasa....


Ahora llora. Vuelvo a levantarme de la silla. Era el chupete que se le había caído. Y ahora tiro de la cinta que le he atado en la hamaquita para balancearla desde un metro de distancia. Una habilidad que he desarrollado hace unos días, con mi nuevo tentáculo, (je je). Porque así vaciamos el lavavajillas. Con ella en su hamaquita encima de la mesa de la cocina. Y yo venga tira que te tira de la cinta. A veces funciona, pero otras nada.....Y ahí se queda el lavavajillas....triste y solo y lleno de platos...Y nosotras nos vamos por ahí de paseo, que es lo que realmente nos gusta.

Desde que nació mi nuevo tentáculo invisible, yo misma me sorprendo de las nuevas habilidades que he desarrollado, como bañar a la pulpita en la cocina mientras la cena se va haciendo. Cuando la niña está lista, con su colonia y su cara relimpia y lustrosa, después de haberla echado la crema, las salchichas y la crema de calazaba también está en su punto. ¡A cenar!, Hay veces que me siento una madre pulpo. Y a veces tanta multitarea no funciona. Y por hacer tantas cosas a la vez, se me queman las lentejas y tengo que improvisar patatas con huevos fritos, para la alegría de los pulpitos.


Creo que también va siendo la edad. Que una también se va haciendo mayor, y noto que mi memoria no es tan de elefante como yo me pensaba....parece que va siendo de pulpita...


Iba yo la otra tarde a por el cargador al dormitorio. Uy este montón de ropa. Uy, ¡no han tirado de la cadena!, ¡uy hay un baile de pelusas en mi dormitorio! ¡Uy faltan los pañales! ¡Uy, si la cama de la pulpita mayor no está hecha! ¡Uy si esta ropa es de verano!...La voy a guardar, ...¡uy, cómo está el baño...voy a cambiar las toallas! Y así, uy uy uy uy....Y bajo con los brazos llenos de cosas...¡y sin cargador! Lo peor es que subí una segunda vez, y me volvió a pasar.... Ya he aprendido que una madre pulpo algunos días es mejor que no suba a la segunda planta, para tomarse un descanso y centrarse en los pulpitos o en la nada. Esa es la primera lección: ¡no subir a la planta de arriba!


Antes, cuando sólo teníamos a la pulpita mayor, hasta abrocharle el cinturón del coche me parecía un esfuerzo considerable. Ahora abrochar a los pulpitos en el coche es como respirar. El primer día de cole, el sprint de la mañana fue para llorar. Ahora parece que lo voy superando. "Es cuestión de entrenamiento", le comentaba hace unos días a otra madre pulpo. Pues debe ser eso, que con los tentáculos invisibles llegamos a donde nunca pensamos que podíamos llegar. Aunque claro, no hay madre pulpo sin un buen padre pulpo que se precie. Ese es el verdadero secreto, chicas, que el padre pulpo también lo sea, como dice Laura, de Malasmadres, la corresponsabilidad en el hogar...y tanta razón que tiene.


Yo todavía ando preocupada....mi pulpita se ha despertado y no había consuelo alguno para ella...Como en mi dormitorio seguía el baile de pelusas, con una mano mecía a Pulpita, y con la otra aniquilaba las pelusas a golpe de mopa. Y resulta que la pulpita se ha quedado más frita que un huevo, como esos que les hago yo cuando se me queman las lentejas... Creo que son los super poderes de mis nuevos tentáculos invisibles.....Y ustedes, ¿se notan algunos de estos síntomas?




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