De "Operación nido" a "Operación gallina"

Pues eso. Que lo que comenzó siendo preparar el nido para nuestra pequeña Carmen, más bien se ha convertido en la Operación nido de toda la casa. Y la verdad es que me ha venido muy bien. Operación limpia de trastos y de cachivaches. No sé si es el embarazo o que el verano también es propicio para las limpias. ¿O soy la única que guarda en el cajón de la cocina pilas, clics, horquillas, ese regalo del día de la madre del que no te puedes desprender, la plasti que te hizo tu hijo pequeño, ese botón, esa foto recortada que se ha quedado suelta, ese móvil con la pantalla hecha añicos, cuentas de collares rotos, un llavero feísimo y un largo etc? Pues yo ya he dado con la solución. ¡Te cuento los pasos para detectar todo objeto susceptible de tirar a la basura, de donar o simplemente deshacerse de él!

Este mes me ha hecho gracia leer en la revista El Mueble un artículo sobre orden en casa y cómo hay personas que se dedican profesionalmente a ayudar a otras personas a mantener la casa en orden y a raya de chismes. Porque es inevitable ir acumulando objetos. Algunos por su valor sentimental, con otros nos entra la pena, y simplemente con otros, nos parece que siempre tienen que estar con nosotros porque están ahí. Como si hubieran nacido del suelo del salón o fuera irremediable verlos y convivir con ellos toda la vida.


No exagero, pero este verano he podido hacer como 20 bultos para tirar a la basura. Sin piedad. Como decían en el reportaje de la revista El Mueble. "Sin piedad". Me hizo mucha gracia leerlo porque es justo lo que hice yo varios días antes. Te entra la nostalgia y acabas guardando ese peluche que tu marido te regaló hace 18 años, cuando nos conocimos. De hecho el peluche me miraba a lo gato de Shrek y he tenido varios intentos fallidos, pero confieso que al final ¡lo tiré!


Yo desde luego si me dedicara profesionalmente a lo de tirar chismes en casa ajena, sería una crack, (jaja) Porque ahí no habría ni pena ni piedad. Lo de los demás se ve más fácil que lo de uno mismo. Es muy difícil detectar lo que nos estorba, lo que no nos sirve, y lo que nos está quitando espacio vital en nuestras casas. Y qué liberación y qué satisfacción cuando en un arrebato de limpia saco tres bolsas de basura. Mi marido me mira como diciendo que me he vuelto loca. Y un poquito, sí, la verdad.


Os doy varias pistas para detectar todo aquello de lo que te tienes que desprender. No hace falta tirarlo. Puedes donarlo, quizá a tu hermana le gusta ese viejo marco, o a tu madre le viene bien un juego de sábanas para las visitas de los hijos.


En fin, aquí van los 7 detectores clave para no convertir tu casa en un trastero:


1. Esa cosa que todos los días recoges 20 veces y que acaba otra vez en el mismo sitio. No sabes cómo, pero acaba apareciendo de nuevo.

2. Ese otro objeto que sólo sirve para quitar el polvo, y que además, tiene recovecos y es difícil de limpiar. ¡Con este especímen no hay que tener piedad ninguna!

3. Objetos que siempre acaban en el suelo. Aquí entraría una duda con los juguetes, pues entonces los niños se quedarían sin ellos, pero piezas muy pequeñas u otros objetos absurdos que se puedan acumular, sin ninguna duda.

4. Aquel pequeño mueble u objeto decorativo que se ha paseado ya por toda la casa y que no te acaba de convencer en ninguna parte.

5. Aquello que llevas ya 5 años sin utilizar. Puede que a otra persona le sirva y le dé uso. Y que además, le hagas feliz con eso que a ti ya no te sirve.

6. Eso que te regalaron y que nunca te gustó. Lo guardaste en la vitrina y ahí se quedó. Muerto de la risa. Esa figurita horrible que no sirve para nada, pero ahí está.

7. Y esas flores de plástico que compraste en el chino, y que te parecían tan bonitas en aquel momento. Incluso te sentías una crack por lo bien de precio que las compraste. Y que daban el pego. No lo dudes, ¡tíralas!



Y os cuento por qué lo he llamado "Operación Gallina". Un antes y un después en nuestra casa. Cuando nos mudamos hace más de cinco años, una de las primeras cosas que compré fue una gallina sujetapuertas, que hasta hoy nos ha acompañado siempre en la puerta de la cocina. Muy bonita, pero de vez en cuando había que meter en la lavadora, pues estando en el suelo siempre estaba llena de mugre. ¡Hasta Álvaro alguna vez la usó de caballito! Le faltaba un ala y ya estaba un poco descolorida. Y ya estaba harta de darle con el pie cada vez que teníamos que cerrar la puerta. Y ¡ahora me doy cuenta que la puerta se mantiene sola y que no hace falta ponerle nada! En un ataque "sin piedad" la he metido en la bolsa de la basura. No he pensado los años que nos ha acompañado ni lo orgullosa que me sentí al comprarla, cual ganga que fue. Y simplemente era un trasto más.


A veces nos creamos necesidades y llenamos la casa de cosas que no nos hacen falta. La decoración está para hacer la vida más agradable y adaptarla a las necesidades de la familia. Con cabeza y corazón. ¡Lo importante son las personas, no las cosas!







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